¿Cómo funcionan las calderas de biomasa?

Última actualización: 02.03.21

 

La preocupación por hacer un consumo responsable de energía en hogares, trabajos y comunidad es latente. Los sistemas de calefacción no escapan de esta realidad, reinventándose para ser más respetuosos con el medio ambiente. Tal es el caso de las calderas de biomasa, por ello te invitamos a conocer un poco más al respecto.

 

Seguramente, has escuchado con más frecuencia el término de calefacción ecológica en los últimos años, pues se intenta concientizar a las personas sobre el uso de energías renovables para la calefacción doméstica y conseguir mayor eficiencia energética, reduciendo el uso de combustibles fósiles. 

En este sentido, las calderas ecológicas se presentan como una alternativa de bajo coste y alta efectividad porque utilizan residuos forestales, pellets de madera, cáscaras de frutos, entre otros, como fuente de energía. En esta categoría, la caldera de biomasa es, hasta ahora, el único tipo que utiliza energía renovable. 

 

Funcionamiento de la calefacción biomasa

Si pensamos en cómo funcionan las calderas de biomasa, la respuesta es simple, pues están son muy similares a otros tipos de caldera. Lo que las hace particulares es el tipo de combustible utilizado, pues están diseñadas para la combustión de biomasa. 

Durante la combustión, se genera gran cantidad de calor que se envía a un intercambiador de calor que funciona con un circuito de agua caliente. Este elemento transmite todo el calor al agua caliente para uso sanitario, la cual se identifica con las siglas ACS. 

Para su alimentación, las calderas de biomasa tienen un depósito para almacenar el combustible. Desde allí sale una extensión que lleva la biomasa a la caldera para que se realice la combustión y se produzca la energía para la calefacción. 

En la caldera hay un depósito inferior llamado cenicero en el cual se almacenan los residuos de la combustión, es decir, las cenizas. Dicho contenedor debe vaciarse varias veces al año para una higienización completa, acorde al uso que tiene. 

Biomasa: Ventajas y Desventajas

Hasta aquí todo parece fácil, pero aún hay quienes no sabemos qué es la biomasa. Por ello, lo explicaremos brevemente a continuación.

La biomasa es cualquier materia orgánica que puede ser empleada como fuente de energía. Por ende, su origen puede ser vegetal o animal, también puede obtenerse en estado natural o producirse a través de transformaciones de materia residual, usando procesos químicos. 

Cabe destacar que la biomasa representa una fuente de energía con un balance de CO2 favorable, por ello el diseño de calderas de biomasa se está extendiendo a gran velocidad en miles de hogares en España y otras partes del mundo. 

Pero, como cualquier fuente de energía, esta también tiene algunos pros y contras que debemos señalar para entender mejor su utilidad.

Ventajas 

– Su precio es económico en comparación con los combustibles fósiles.

– Representa una fuente de energía renovable, limpia y segura para el medio ambiente.

– Produce pocos residuos. Además, estos son biodegradables.

– Se puede aprovechar ampliamente en sectores rurales, generando progreso económico y solventando el problema de la disposición de residuos en muchas regiones. 

– Genera un nivel neutro de emisiones de CO2 porque se enmarca en el ciclo natural de este elemento. 

 

Desventajas 

– Necesita un mayor espacio de almacenamiento que los combustibles tradicionales.

– Son ocupadas grandes extensiones de terreno para obtener las plantas para la biomasa. 

– Su rendimiento es mucho menor que el ofrecido por los combustibles fósiles, pues su densidad energética es más baja. En consecuencia, ofrece un bajo poder calorífico.

– No existen aún canales de distribución bien planificados y extendidos. 

Al analizar los inconvenientes de la biomasa nos damos cuenta de que son situaciones que se pueden resolver a corto y mediano plazo, solo hace falta la voluntad de los gobiernos y sector privado por promover una energía más limpia e invertir en ella. 

Elige una caldera de biomasa

Para comprar la caldera de biomasa adecuada para tu hogar, debes saber que existen varios tipos y que se clasifican según el combustible utilizado o la tecnología empleada.

Según el combustible:

Calderas policombustibles: Estas calderas están diseñadas para usar varios tipos de biomasa como combustible, ya sea pellet o astillas. Este tipo ofrece una potencia media o alta. 

Caldera de pellets: Como su nombre lo indica, solo admite el pellet como combustible, resultando en equipos pequeños y compactos, que trabajan con eficiencia para una potencia baja y media.

Según la tecnología:

Caldera de biomasa estándar: Esta se puede usar con leña, astillas o pellets, alcanzando 92% de rendimiento, utilizando sistemas de alimentación automática, limpieza del intercambiador y desecho de las cenizas.

Calderas reformadas: Son calderas antiguas que utilizaban carbón o gasóleo como combustible y que han sido modificadas para utilizar la biomasa, ofreciendo un rendimiento entre 75 y el 85%. 

Calderas de pellets: Solo utilizan el pellet como combustible y han sido automatizadas por completo para optimizar su rendimiento, alcanzando hasta 103%. 

Calderas mixtas: Estos modelos permiten usar dos tipos de combustibles y alternarlos. Su rendimiento alcanza cerca del 92% y puede tener una alimentación automática. 

No cabe duda de que el mercado de las calderas de biomasa está en expansión, y aunque es cierto que en viviendas rurales ya se usaba la caldera de leña, ahora la innovación está al alcance de todos. Pero, si no te convence por completo usar una caldera de biomasa para tu casa, puedes comprar un modelo de caldera mixta de leña y gasoil que puedes utilizar en el modo de solo sólidos o solo gasoil, según las demandas del hogar, ofreciendo mayor autonomía y alto rendimiento energético.

Solo es cuestión de investigar más a fondo y hacer una comparativa de calderas ecológicas para conseguir la más apropiada a tus necesidades y presupuesto, recordando que las nuevas tendencias, en lo que a energía se refiere, apuestan por los recursos renovables y el bioclimatismo para el diseño de las viviendas, aprovechando así la energía solar como principal sistema de calefacción y reduciendo en lo posible las emisiones de CO2. 

Es un trabajo lento pero gratificante, cuyos frutos se verán en las generaciones futuras, aunque el cambio puede aplicarse desde ahora para fomentar un consumo responsable de los recursos energéticos, promoviendo el respeto por el medio ambiente. 

 

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