¿Qué es el impuesto al sol?

Última actualización: 02.03.21

 

Por extraño que parezca, hubo un tiempo en España cuando quienes querían aprovechar el poder de la energía solar lo tenían casi imposible. El culpable, un impuesto al sol diseñado bajo el dictado de las eléctricas y que hacía casi inviables esas instalaciones.

 

Aunque suene a locura, en España hubo un tiempo en el que los particulares casi tenían imposible ejecutar una instalación solar en su hogar. La causa: el llamado impuesto al sol, que imponía unas condiciones tan exigentes a los usuarios que hacían económicamente inviables la casi totalidad de proyectos que pudieran surgir en este tipo de instalaciones.

Afortunadamente, dicha ley forma ya parte de la historia de nuestro país y, en la actualidad, hemos pasado a un contexto más lógico y razonable, en el que la energía solar tendrá un papel fundamental a la hora de lograr los objetivos de transición energética propuestos desde Europa. Para tener todos estos aspectos claros, analizaremos tanto este nocivo impuesto como el contexto actual, en el que se mueve el sector de la generación de energía mediante placas solares.

 

La situación previa al impuesto del sol

Una de las cosas que tenemos que celebrar es que hoy día contamos con un impuesto al sol derogado en octubre de 2018, por lo que desde dicha fecha desaparecen las numerosas limitaciones establecidas por esta orden. Cuando se aprobó el Impuesto al sol, por Real Decreto de octubre de 2015, se hizo claramente bajo el dictado de las grandes eléctricas, a quienes perjudicaban las regulaciones de autoconsumo que hasta entonces habían estado vigentes.

Para entender el funcionamiento de este impuesto solar, es importante conocer la situación previa a la aprobación del mismo. Hasta la llegada de esta nueva norma, los ciudadanos que lo deseasen podían instalar placas solares en su domicilio para generar su propia energía eléctrica. Estos usuarios permanecían conectados a la red, donde disponían de la energía que pudieran necesitar en los días de baja generación, así como volcar los sobrantes de energía que pudieran generar en sus placas. Unos sobrantes que las empresas eléctricas compraban y compensaban con el consumo que ese usuario pudiera hacer de la red eléctrica general.

Obviamente, esta idea no gustó nada al sector eléctrico, cuyos lobbies tuvieron mucho que ver con la implantación del impuesto al sol en España. Pensemos que la energía producida por los ciudadanos no se la comprarían a ellos y que, además, también perderían parte del negocio de la generación. Precisamente por ello se encargaron de que se redactase una norma favorable a sus intereses.

Cómo funciona el impuesto al sol

Para entender la gravedad de la aprobación de este impuesto, vamos a conocer cuáles fueron sus efectos y qué limitaciones establecían. Uno de estos efectos fue la implantación de una serie de impuestos sobre la cantidad de energía generada por la instalación. El problema es que estos impuestos suponían aproximadamente el 50% del coste de la energía generada por el usuario, por lo que la viabilidad de muchas de estas instalaciones ya se veía comprometida.  

Sin embargo, había más problemas para los autoconsumidores. La obligación de las eléctricas de comprar la energía sobrante o acumulada que generaban estas instalaciones desaparecía, lo que es otro factor negativo al respecto. Para colmo, esta energía debía volcarse a la red y quedar a disposición de las eléctricas a cambio de nada. Así que mientras que el usuario no recibe nada por esos remanentes, la eléctrica cobra esa energía a quien finalmente la consume.

Por si fuera poco, a la hora de contratar luz para su hogar, como medida de emergencia en caso de problemas, los usuarios con instalación de autoconsumo debían pagar un término de potencia equivalente a la de la instalación, que generalmente era mucho mayor a la que tendrían como simples usuarios. De nuevo, más costes para el autoconsumidor. 

La única forma de escapar de esta persecución impositiva era quedar totalmente desconectado del sistema eléctrico. Pero en el momento en que dispusieras de energía externa para conectar algo tan simple como una fuente para perros o una farola, en caso de necesidad, tocaba pasar por caja.

Por cierto, el impuesto al sol en Europa nunca fue bien visto. La prueba es que, en este mismo año 2018 en que se derogó, la Unión Europea estableció la prohibición expresa de aprobar este tipo de impuestos hasta el año 2026. Una medida que se enmarca dentro del proyecto 30 30, por el que se pretende que para el año 2030 la generación de energía renovable de la Unión sea del 32%, como mínimo.

La situación actual

Dentro de esta agenda 30 30, el gobierno actual ha establecido un planteamiento totalmente diferente y enfocado a incentivar la instalación de placas solares en todo tipo de contextos. La idea pasa por eliminar las trabas establecidas por la normativa previa y recuperar la plena libertad de los usuarios para realizar este tipo de instalaciones. Sí es cierto que esta nueva norma no recupera ciertos privilegios, tales como la venta de energía sobrante o la compensación de excedentes, pero al menos este marco legal simplifica las instalaciones, la petición de autorizaciones y el resto de procesos legales para ejecutar el montaje. Todo ello sin olvidar la desaparición de la parte más problemática, la que se refiere a la carga impositiva establecida por el impuesto al sol.

Esto supone un incentivo a dos niveles diferentes. Los usuarios que instalen estas placas pueden acceder a ahorros considerables en su factura eléctrica, vetados antes por las obligaciones que la vieja norma establece. Por otro lado, hoy día existen tecnologías aún más eficientes, con las que amortizar en menos tiempo sus instalaciones. Un aspecto que reduce el tiempo necesario para que el usuario recupere su inversión y que hace más atractivas estas instalaciones.

En paralelo, este nuevo planteamiento también tiene ventajas para el resto de usuarios. La energía generada por estas pequeñas instalaciones implica una menor demanda general de energía a nivel nacional, menores pérdidas de la misma durante el transporte y mayor estabilidad en la red. Algo que supondrá ciertos ahorros de costes que, algún día, repercutirán en los usuarios. Así que, al final, el fin de este impuesto al sol es algo que tendrá un efecto positivo para todos los consumidores de energía, tengan o no placas solares.

 

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