Calefacción con leña: ¿práctica inofensiva o detonante ambiental?

Última actualización: 19.08.19

 

La contaminación atmosférica es una problemática que nos afecta a todos por igual. Tal vez puede variar con respecto a su intensidad, pero igualmente está presente en el mundo entero. Erradicarla por completo no es una alternativa mientras existan los coches o el sector industrial, siendo estos sólo algunos de los principales focos que diariamente generan un volumen bastante importante de contaminación.

Sin embargo, existen muchas formas de contribuir a mejorar significativamente la calidad del aire que respiramos, como lo es verificar las necesidades del motor de tu coche para así usar un lubricante que se adapte a él, reduciendo las emisiones de humo al conducir. Asimismo, la plantación de árboles en la ciudad ayuda a crear un pulmón natural que nos beneficiará.

Pero esto no acaba aquí, ya que hay ciudades en las que la contaminación urbana no es el principal problema. Por ejemplo, en Santiago de Chile, se registra un alto porcentaje de contaminación a causa del uso de leña en los distintos equipos de calefacción, que tradicionalmente se emplean en las regiones del sur de dicho país.

Si nos remontamos a las costumbres étnicas de estas zonas, las familias disfrutan de sentarse frente a las chimeneas o calefactores para compartir en los días de invierno, ver las llamas mientras calientan las distintas estancias del hogar y crear una atmósfera hogareña.

De igual manera, es muy frecuente que cocinen en dichos aparatos algunos alimentos, preparen café o calienten agua para un té. Pero esta práctica, que aparentemente parece ser inofensiva, ha comenzado a acarrear consecuencias nocivas, contaminando el aire que respiramos y, por ende, generando afecciones severas a nivel del sistema respiratorio.

 

 

Regiones con mayor estadística de contaminación

Los calefactores o chimeneas de leña han llegado a ser considerados amigables con el medio ambiente, debido a que no emplean gases contaminantes para llevar a cabo el proceso de combustión. Sin embargo, como bien sabemos, todos los excesos son contraproducentes y utilizar este tipo de aparatos de manera constante o masificada traerá algunas consecuencias.

Entre ellas está la emisión de humo tras la incineración de los troncos de madera, que desprenden una serie de partículas que quedan suspendidas en el aire y viajan por nuestras fosas nasales, causando alergias y complicaciones respiratorias, que en el peor de los casos pueden desembocar en asma u otra patología que afecte directamente los pulmones, debido a la aspiración del humo.

Las cifras manejadas por la Organización Mundial de la Salud son realmente alarmantes, ya que posicionan a las regiones de Aysén, La Araucanía, Los Lagos, Coquimbo y O’Higgins como las zonas con mayor porcentaje de contaminación en América, a causa de la quema de leña, según estudios realizados para detectar la calidad del aire durante el período 2010 – 2016. Todas estas regiones se encuentran en la zona sur de la ciudad de Santiago de Chile.

Si llevamos esta situación a números, tenemos que, durante el año 2017, el Hospital Regional de Coyhaique atendió un promedio de 59% de casos por problemas respiratorios. Por otra parte, se maneja información que en Araucanía hasta un 90% de los hogares utilizan estufas de leña tanto para calentar las distintas estancias como para cocinar. Esta situación ha obligado a los entes gubernamentales a tomar cartas en el asunto, alentando al cese del uso de este tipo de aparatos de tipo industrial o domésticos, pautando horarios de uso reglamentario de 12 horas que abarcan de 6:00 pm a 6:00 am.

 

 

Alternativas de solución

Cada región posee ciertas costumbres arraigadas que forman parte de su cultura, siendo este el caso de las regiones ubicadas a lado sur de la ciudad de Santiago de Chile. Para estos pobladores, calentar sus hogares durante la temporada de invierno utilizando equipos que se alimentan de leña es una tradición, que ha ido pasando a lo largo de los años de generación en generación. Por ello, es un patrón bastante difícil de cambiar, a pesar del daño causado por la continua aspiración del humo de dicha incineración. Sumado a ello, tenemos el bajo nivel de ventilación dentro de los edificios o viviendas, lo que empeora la situación.

La solución alternativa más viable es sustituir los calefactores y estufas de leña por los que basan su alimentación de energía por medio de gas natural, que ha sido una medida propuesta por algunos entes gubernamentales de estas regiones.

Incluso, en vista de la necesidad de calefacción debido a las inclemencias del invierno, se ha incrementado una medida de subsidio para la adquisición de equipos a gas y el retiro de los de leña. La respuesta por parte de las personas no ha sido la esperada, ya que como mencionamos en un inicio, tienen ideologías bastantes sólidas con respecto a sus tradiciones y la gran mayoría se rehúsa al cambio.

Son varias las campañas de concientización que se han llevado a cabo y que hoy día se siguen promoviendo. El objetivo es enfatizar el daño que puede ocasionar estas emisiones de humo para la salud de los miembros del hogar, así como también el deterioro irreparable que recibe el ambiente tras la práctica indiscriminada de la tala.

De hecho, en temporada de invierno, las personas requieren de una mayor cantidad de troncos para incinerar, olvidando por completo que la madera no se puede cortar y quemar inmediatamente. Existen varios tipos de madera y cada una de ellas tiene un tiempo de secado diferente, que de no ser respetado puede generar un mayor volumen de humo al encenderla.

Esto sucede debido a que los leños poseen en su interior un gran porcentaje de humedad. En este sentido, ni siquiera arderán correctamente y, por ende, no se obtendrá un adecuado nivel de calor, pero sí mayor contaminación con respecto al uso de una madera bien seca.

El cambio es un proceso natural que forma parte de la evolución de las personas, por lo que lograr que los habitantes de estas regiones dejen atrás una tradición inculcada por sus antepasados podría llevar algo de tiempo. Lo importante es que las distintas instituciones ambientales y de la salud continúen orientándolos, con el propósito de que cada día sean más los hogares que cambien los sistemas de calefacción de leña por los de gas.

 

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